Serie Z entra en el siglo equis equis palito. Desde ya mismo, tienen ustedes la misma ración de enlaces inconexos y temática dispersa en otro alojamiento de nombre igualmente desafortunado: http://seriez.netii.net. Actualicen sus marcadores (si es que los tienen).
En 1977 la humanidad, o más concretamente sus tutores legales de la época, los Estados Unidos, decidió aprovechar una alineación planetaria especialmente favorable y lanzar al espacio las sondas Voyager. El objetivo primario era estudiar Júpiter y Saturno, pero por estas maravillas de la era de Acuario, las sondas siguieron su camino más allá del sistema solar; como esa idea estaba en mente desde un principio, los dos Voyager incluían un disco por aquello de hacer más ameno el viaje. Pero no era un disco cualquiera, sino un auténtico Todo éxitos planetario, con un popurrí de todos los saberes y diversidades terrestres conocidos hasta esa época. Plantéense ustedes cómo grabar el conocimiento humano en un disco de los de antes y se darán cuenta de lo surrealista que es la empresa.
El caso es que el contenido de ese disco puede visitarse aquí, de forma mucho más cómoda (sobre todo ahora que las sondas están, digamos, un poco retiradas). De entre todo el material incluido, siempre me ha llamado mucho la atención la colección sonora/musical, con cantos indígenas, ruidos varios, Mozart, Beethoven, Bach, Blind Willie Johnson y Chuck Berry. Un poco como los cajones de cassettes de la sección “oportunidades” en Madrid Rock, vaya.
Un dato menos conocido es que, como reveló poco tiempo después Saturday Night Live, llegó a la tierra la primera comunicación extraterrestre. El mensaje era claro:
“¡Mandad más de Chuck Berry!”
¡Hemos vuelto! Culturilla popular para celebrarlo.
Spike Milligan fue el principal cerebro detrás de The Goon Show, el programa de humor más popular en la radio inglesa de los años 50 a 60. Para el que no conozca el programa (una gran mayoría), baste decir que Monty Python eran fans ardientes y han reconocido su influencia; también los Beatles (incluso George Martin produjo algunos de los discos de los Goons antes de trabajar con los de Liverpool). En su época, el show era una fábrica imparable de gags y coletillas que invadían todos los rincones. Este de aquí abajo es uno de sus números más populares, con Milligan y Peter Sellers (otro fijo del programa):
Pero posiblemente Milligan destaque por tener el epitafio más socarrón de la historia (y este es de verdad, no como el “Perdone que no me levante” de Groucho). En su tumba, en gaélico, eso sí, pone algo como esto:
Os dije que estaba enfermo
La música ha desaparecido prácticamente de la televisión, quitando esos bodrios de concurso que fomentan el karaoke. Y paradójicamente, junto con las actuaciones en directo, también desaparece la aportación más perversa y en ocasiones descacharrante de la televisión a la música: el playback.
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Hace un año dábamos la murga con la historia del grito más famoso de la historia del cine. Como uno no se cansa de oirlo, aquí tienen otra ración de Wilhelm screams
Escribo esto con un ojo entreabierto y el otro firmemente cerrado por el sueño, pero el deber es el deber… hablando de sueño, es curioso lo relajante que resulta el sonido del agua, de una fuente o de un riachuelo. Dicen algunos entendidos que esos sonidos nos recuerdan a los que escuchábamos en el útero materno. Así que estamos condicionados de una forma positiva (como el perro de Pavlov pero sin calambres).
Por lo que se refiere a mi condicionamiento auditivo, creo que es posterior y un poco más elaborado… tener una casa pequeña y ser el menor (mucho menor) de dos hermanos propició que la música que escuchaba en mi más tierna infancia me dejase marcado, pero para bien. Gracias a eso, puedo recurrir a despertarme escuchando cosas como el famoso solo de Michael Shrieve con Santana en Woodstock. Vean esto y lloren:
Bill Bailey es un cómico inglés con una habilidad innata para la música, que explota en sus programas y shows. Aquí tienen dos ejemplos hilarantes: el catastrófico efecto de un fallo de sonido en un concierto de U2
y aquí, explicando la influencia de la música Cockney en la música clásica:
Por si no lo sabían, una de las mayores industrias del cine está en la India. Por lo general, una película india no puede considerarse completa si no tiene su escena de baile; normalmente resultan divertidas, pero la que viene a continuación va un paso más allá, y encaja perfectamente en este blog (con Z de Serie Z). Disfruten:
En sintonía con mi estado actual, vamos con un post rápido. Muy rápido. Más rápido todavía. Cortesía de WFMU, con todos ustedes:
Como habitantes de la Corte, asumimos gustosos las pegas de vivir en la capital a cambio de minúsculas compensaciones. Así, aguantamos día a día que el resto del Imperio se cisque en nuestra parentela por un quítame-esas-infraestructuras o invoquen el glorioso nombre de la villa cada vez que les duele un juanete; ya se sabe que todos los madrileños somos de una gloriosa raza aria y que nuestra única función en la vida es cercenar fueros medievales y mancillar pasados históricos (sí, los que nos levantamos a las 6 para ir a currar a tomar por saco también, nos cunde mucho el día). Todo compensado, ya digo por esos momentos en que nuestros dirigentes se apiadan y nos dejan triscar a nuestras anchas. Estoy hablando, claro, de la Noche en Blanco, debidamente publicitada por nuestro alcalde, ese santo varón, ese Zoon Politikon, ese Kennedy en ciernes (no piensen mal). Lo que sigue es un modesto resumen de lo que se pudo ver y, sobre todo, lo que no se pudo ver anoche.







