De cuando Scarlett era Escarlata, y otras hierbas
La gran mayoría de los habitantes de Españaza (lo han adivinado, detrás de una generalización tan absurda sólo cabe una opinión personal) tienen una relación amor-odio con el doblaje de las películas al castellano. Cierto es que se ha utilizado como arma política, moral, aunque con efectos más perversos de los que pretendía y en ultima instancia es una ventaja competitiva para el cine yanqui -como si hiciera falta mucha más ventaja-. Pero no me negarán que después de tanto tiempo, uno le acaba cogiendo cariño a las voces que lleva oyendo toda la vida. Precisamente una de ellas era la de Elsa Fàbregas, fallecida ayer, que empezó doblando a Judy Garland en el 35 y ha seguido activa todos estos años. Merece un recuerdo alguien que ha pronunciado estas palabras:
Dicho esto, dedicamos nuestro desdén más absoluto a los traductores de títulos de películas actuales (seguramente habrían convertido “Lo que el viento se llevó” en “Una guerra de pelotas”). No sé exactamente si son las distribuidoras las que perpetran estas barrabasadas, pero veo con pavor que no se limitan al título: la última película de Jim Carrey, Yes Man (”Di que sí”, bueno, los he visto peores) tiene este cartel en su versión internacional, un guiño bastante curioso que nos han censurado a los nativos del imperio:

¿Les suena de algo? Seguro que sí:







