En 1977 la humanidad, o más concretamente sus tutores legales de la época, los Estados Unidos, decidió aprovechar una alineación planetaria especialmente favorable y lanzar al espacio las sondas Voyager. El objetivo primario era estudiar Júpiter y Saturno, pero por estas maravillas de la era de Acuario, las sondas siguieron su camino más allá del sistema solar; como esa idea estaba en mente desde un principio, los dos Voyager incluían un disco por aquello de hacer más ameno el viaje. Pero no era un disco cualquiera, sino un auténtico Todo éxitos planetario, con un popurrí de todos los saberes y diversidades terrestres conocidos hasta esa época. Plantéense ustedes cómo grabar el conocimiento humano en un disco de los de antes y se darán cuenta de lo surrealista que es la empresa.
El caso es que el contenido de ese disco puede visitarse aquí, de forma mucho más cómoda (sobre todo ahora que las sondas están, digamos, un poco retiradas). De entre todo el material incluido, siempre me ha llamado mucho la atención la colección sonora/musical, con cantos indígenas, ruidos varios, Mozart, Beethoven, Bach, Blind Willie Johnson y Chuck Berry. Un poco como los cajones de cassettes de la sección “oportunidades” en Madrid Rock, vaya.
Un dato menos conocido es que, como reveló poco tiempo después Saturday Night Live, llegó a la tierra la primera comunicación extraterrestre. El mensaje era claro:
“¡Mandad más de Chuck Berry!”












