Si alguno se ha molestado en mirar los enlaces que adornan la parte derecha de esta página, descubrirá que aparte del amiguismo tradicional en estos medios, me la juego enlazando a blogs mucho mejores que este (que viene a ser como cuando la amiga fea liga e insiste en ir acompañada por la guapa). Y especialmente significativo es enlazar una joya en bruto (muy bruto) como la Real Bitácora Balompédica Española. ¿Por qué? Porque aparte de la obsesión con los trannys, bigotes y el franquismo sociológico, de vez en cuando Álvaro escribe dardos como este:
Es por eso que cuando al Comité Olímpico Español no se le permitió que sus integrantes guardaran luto y que nuestras banderas ondeasen a media asta para no deslucir los juegos, que han de ser chispeantes y juveniles, me dio mucha rabia. Parece ser que nuestro dolor no tenía cabida en el objetivo último e intereses de los Juegos: una Olimpiada sin mancha. Sin embargo, se me pasó pronto el enfado trocándose la mala hostia en asqueo cuando leí en El Mundo que no íbamos a presentar ninguna protesta “para no perjudicar a la candidatura de Madrid 2012”. Resulta difícil encontrar un pecado con la penitencia tan adherida. Casi se podría afirmar que es un pecado siamés. Nos ultrajan, porque tienen otros intereses; ponemos el grito en el cielo, pero sólo en los papeles porque nosotros también tenemos otros intereses. Y eso que no estamos hablando de exhumar a Mao ZeDong, pintarlo de rosa y agitándolo con un palo metido en el culo celebrar una suerte de Funeral de la Sardina. Se trataba de una tontada del calibre de arriar la banderita unos centímetros. Pero ese es nuestro precio. Porque vivimos en una época de sopesar intereses, de calibrar nuestros principios y de flexibilizar nuestra moral a fin de alcanzar una eficiencia, productividad and profits del copetín thanks to management and marketing resources for bussines.







