La música ha desaparecido prácticamente de la televisión, quitando esos bodrios de concurso que fomentan el karaoke. Y paradójicamente, junto con las actuaciones en directo, también desaparece la aportación más perversa y en ocasiones descacharrante de la televisión a la música: el playback.

El playback nació como respuesta económica de la televisión para poder ofrecer actuaciones sin sobrepasar un cierto presupuesto (meter todo un grupo o una orquesta y sonorizarlo como dios manda no es barato). Pero no hacía falta ser muy listo para ver las ventajas del asunto: cualquier mindundi -y ya puestos, podemos escoger un mindundi guapete- puede tocar como los ángeles. La idea se convirtió en dogma y en la tele de los 60 era habitual que artistas que sí sabían tocar sus instrumentos tuvieran que hacer playback si querían salir por la caja tonta. Claro que no todos se lo tomaban en serio: vean por ejemplo a Buffalo Springfield haciendo el payaso (especialmente Neil Young) con su clásico For what it’s worth:


Si ha habido un programa que ha elevado el arte del playback a las cotas más elevadas, ese ha sido el clásico Top of The Pops de la BBC, tanto por la selección de artistas que han pasado por allí (en playback o cantando sobre “sonido pregrabado”, eufemismo de la tele patria) como por las surrealistas actuaciones de aquellos que no se resistían a hacer mímica. Una de las más famosas es esta, con Nirvana pegando brincos sin molestarse en hacer que tocan y Kurt Cobain imitando -textualmente- a Morrisey (aunque el resultado se parece más al monstruo de Frankenstein):


Más reciente es esta actuación de Oasis, sobre la que versará nuestro concurso de hoy ¿Qué tiene de extraordinaria? La primera respuesta acertada de entre los comentarios recibirá un fabuloso premio (o no).