Cuando éramos pequeños, una de las cosas que se enseñaba en el Instituto era Música; realmente lo que se enseñaba era la típica retahila cronológica de fechas y nombres, se hacía un examen y se pasaba el curso sin saber tocar un instrumento, que habría sido algo muy deseable. El caso es que una de las actividades que se le ocurrió a la profesora fue ver una una película, Amadeus, para ambientar el tema de la música clásica. Pues bien, parece ser que la profesora tenía algún desorden clínico que le impedía comprender el funcionamiento de un reproductor de vídeo, y durante las clases de varias semanas (de una hora) estuvimos repitiendo la primera hora de la película (luego pasamos a la siguiente, supongo que después de pedir ayuda a los bomberos).
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Obviamente, después de saberme la película al dedillo, no he querido volver a verla, pero recuerdo claramente la risa bobalicona de Mozart y la mala baba de Salieri frente a ese crío repugnante que hace las cosas sin esfuerzo. El caso es que he recordado la anécdota al ver este enlace, con la descripción de una curiosa composición de Mozart, titulada “Bésame el culo”. Tengo mis dudas de que sea un hoax, pero parece un artículo serio de la Wikipedia, con sus referencias y todo. Les dejo la letra, una curiosa incitación a despertar a la serpiente Kundalini…
¡Bésame el culo!
¡Regocijémonos!
¡No tiene sentido refunfuñar!
Quejarse, gruñir no tiene sentido,
es la verdadera ruina de la vida.
¡Quejarse, gruñir no tiene sentido, no lo tiene!
¡Así que alegrémonos y seamos felices, regocijémonos!







