Bromeando con lo complicado que es encontrar un piso para comprar o alquilar sin que te exijan casi el certificado de pureza, se me ocurrió que el siguiente paso de los caseros no sería un aval: directamente nos exigirían una libra de carne si no pagamos el mes. Esta chorrada no venía sin ton ni son, era una fanfarronada para hacerme el listo y recordar a Shakespeare, concretamente El Mercader de Venecia.
Por pedir un préstamo para su amiguito Basanio, Antonio acuerda con Shylock que si no le paga en metálico le pagará en carne -literalmente, una libra de carne-. Pasa lo que pasa y Shylock tiene ya preparado el cuchillo, pero se salva por los típicos tecnicismos legales: Shylock no puede verter ni una gota de sangre o será él quien se vea embargado.
Tarry a little, there is something else,
This bond doth giue thee heere no iot of bloud,
The words expresly are a pound of flesh:
Then take thy bond, take thou thy pound of flesh,
But in the cutting it, if thou dost shed
One drop of Christian bloud, thy lands and goods
Are by the Lawes of Venice confiscate
Vnto the state of Venice.
Detente un instante; hay todavía alguna otra cosa que decir.
Este pagaré no te concede una gota de sangre.
Las palabras formales son estas: una libra de carne.
Toma, pues, lo que te concede el documento; toma tu libra de carne.
Pero si al cortarla te ocurre verter una gota de sangre cristiana,
tus tierras y tus bienes, según las leyes de Venecia,
serán confiscados en beneficio del Estado de Venecia
Pues de aquí salió una cita más divertida, esta de Isak Dinesen en Memorias de África. Hablando con un somalí llamado Farah, Dinesen le contó la historia de Shylock. Farah opinó que esto era una injusticia, y que se podía haber evitado fácilmente:
“What?” said he. “Did the Jew give up his claim? He should not have done that. The flesh was due to him, it was little enough for him to get for all that money.”
“But what else could he do,” I asked, “when he must not take one drop of blood?”
“Memsahib,” said Farah, “he could have used a red-hot knife. That brings out no blood.”“¿Qué?” dijo él. “¿El judío renunció a su petición? No debería haberlo hecho. La carne debía ser suya, era poco precio por todo ese dinero.”
“Pero ¿qué más podía hacer,” pregunté, “si no podía verter ni una gota de sangre?”
“Memsahib,” dijo Farah, “podía haber usado un cuchillo al rojo vivo. Así no se vierte sangre.”








