La gente asume sin darle muchas vueltas que hay una especie de teorema de conservación del atractivo humano por el que los guapos y guapas son tontos y al reves, los más inteligentes son menos agraciados. Si esta afirmación fuese una ley, una de sus excepciones sería Hedy Lamarr.

Austriaca y de origen judío (una tendencia muy out en la Europa de los años 30), tiene el curioso honor de haber sido una de las primeras mujeres en aparecer desnuda o fingiendo un orgasmo en una película (Extasis, de 1933) al mismo tiempo que la patente de un sistema de cifrado de comunicaciones, similar al que se usa en el WiFi o la telefonía móvil actuales. Patente por la que no llegó a cobrar un duro: el ejército americano la convenció de que ayudaría más vendiendo bonos de guerra… aunque luego utilizó el sistema por la patilla en los años 60, cuando habían caducado los derechos.









