Tanto navegar por Internet le hace a uno recapacitar sobre su relación con los medios. Al igual que ahora miro la web en exceso, veía tele en exceso cuando era pequeño y escuchaba radio en exceso cuando era joven (ya no lo soy, lo he asumido). Pero ¿qué hay de malo en la radio? Hay de malo, y mucho en radiofórmulas como Los Cuarenta Criminales, pero yo no escuchaba eso. Yo escuchaba radios pirata.
Hay que decir que la palabra pirata se ha devaluado en exceso, y posiblemente la SGAE tenga ya una patente (¿se imaginan? Ramoncín cobrando cada vez que se menciona la palabra “pirata” o “piratería”. Algunos pueden pensar que esto ya es así). El apelativo más común ahora mismo es el de Radios Libres, que viene a ser como no decir nada. Pero de entre estas radios, hay tres que recuerdo con especial cariño:
- La Cadena del WC: recientemente ha vuelto a emitir, supongo que asociada a todo el revival de lo que huela a movida, años 80 y esas cosas. En realidad, la cadena del WC es menos mía que herencia de mis mayores: en su época de gloria yo levantaba pocos palmos del suelo. Aún así recuerdo momentos geniales de radio, como comentar en tiempo real la película que estaban dando en la tele (Sábado Cine en la primera cadena ¿se acuerdan de cuando había Sábado Cine? ¿y de cuando la primera se llamaba así para diferenciarse de la segunda?)
- Onda Nada: la primera radio pirata que descubrí personalmente (y esta era genuinamente pirata). El nombre era una broma bastante obvia a Onda Cero, de la que se separaba en sólo 0,4 MHz; imagino que no se podría escuchar a demasiada distancia. El programa estrella se llamaba modestamente Basura, los sábados por la noche, y consistía en más o menos anarquía total: llamadas, música, escatología y sobre todo, More than words. Una y otra vez, repetida hasta la saciedad. Con las limitaciones que se le suponían, Onda Nada no tardó en desaparecer, y fue sustituída (en mi dial) por…
- Onda Latina: la radio más fina, la emisora diferente. Esta sí que es una radio, radio (radio libre) y de hecho ha sobrevivido 20 años. No sé por qué motivo extraño llegué hasta este dial, pero lo cierto es que se sigue manteniendo entre mis presintonías. La culpa la tienen programas míticos para mi y posiblemente para nadie más: Terciopelo Azul (Gregorio Belinchón, Gorka Magallón y Lía Moya hablando de cine e ilustrando al personal), La Ostra Azul (culpable de algunos de mis mantras personales: “¡Elton John es el anticristo!”), Cruce de Caminos, Bajo el Zeppelín… pero sobre todo por sus inenarrables espacios de continuidad musical. Cintas grabadas una vez y repetidas cien mil, a modo de propaganda (¿he mencionado la relación de la emisora con el PCE?) y en las que el inefable Palomo desgranaba su amor por la música que “no se encuentra en tiendas”. Gracias a esos espacios servidor descubrió multitud de cosas:
- La versión teatral de Jesucristo Superstar con ¡¡Ian Gillan!! (moooola)
- Woodstock, Woodstock, Woodstock
- Neil Young (una canción en concreto, Tonight’s the night; después de escucharla 50 o 60 veces, ya pasó a formar parte de mi memoria subconsciente, junto con la tabla de multiplicar y las rimas de Becquer)







